SONETO 9

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Valiosos recursos Cristianos

Soneto IX





Al golpe de la ola contra la piedra indócil 
la claridad estalla y establece su rosa 
y el círculo del mar se reduce a un racimo, 
a una sola gota de sal azul que cae. 



Oh radiante magnolia desatada en la espuma, 
magnética viajera cuya muerte florece 
y eternamente vuelve a ser y a no ser nada: 
sal rota, deslumbrante movimiento marino. 



Juntos tú y yo, amor mío, sellamos el silencio, 
mientras destruye el mar sus constantes estatuas 
y derrumba sus torres de arrebato y blancura, 



porque en la trama de estos tejidos invisibles 
del agua desbocada, de la incesante arena, 
sostenemos la única y acosada ternura.

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